AZOTES A LOS ALUMNOS 24 de octubre de 1810
Basta de castigos corporales
Los maestros no sienten ya ninguna piedad hacia los alumnos ensangrentados por sus azotes. Y si bien las madres siempre se han quejado de esto, todavía no se ha tomado ninguna medida para impedir esta atrocidad.
Basta de castigos corporales
Los maestros no sienten ya ninguna piedad hacia los alumnos ensangrentados por sus azotes. Y si bien las madres siempre se han quejado de esto, todavía no se ha tomado ninguna medida para impedir esta atrocidad.
Todos conocen el riesgo que implica hoy mandar a un hijo a la escuela. No nos sorprende cuando este llega a casa con marcas de haber sido golpeado, azotado. Llega llorando, humillado y abochornado. La causa de estas situaciones es no más ni menos que la barbaridad de los castigos corporales.
Lo más terrible de todo es que ni siquiera esta violencia es justificada, puesto que las razones por las que los alumnos son castigados son inherentes al humor del profesor: el menor movimiento desordenado, un tintero caído por acaso, la voz alta, la lección algo mascado, un gesto, es motivo suficiente para mandar un niño al rincón.
Por otro lado, resulta perjudicial a los objetos mismos de las instituciones juveniles, siendo además absurdo e impropio que los niños que se educan para ser ciudadanos libres, sean en sus primeros años abatidos, vejados y oprimidos por la imposición de una pena corporal tan odiosa y humillante. ¿Cómo podrán progresar nuestros hijos libremente en esta sociedad nueva tan llena de posibilidades, cuando les enseñan que está bien ser dominados de tal forma? ¿Qué ejemplo queremos darles?
Nuestros hijos son los futuros políticos de esta nueva patria libre que pudimos constituir luego de tanto esfuerzo. ¿Cómo podrán gobernar esta tierra si se encuentran sumidos en la violencia cotidiana?
Asimismo, los azotes no favorecen en nada a que nazca un respeto mutuo y un ambiente grato dentro del aula. Lo único que conllevan es el miedo al profesor, visto como el portador de un poder absoluto, a la vez que provocan una fuerte desmotivación por la asistencia a clases. Se entiende entonces que la violencia no genera ninguna clase de aprendizaje por parte del alumno, que lo verá como una agresión a su persona más que como la posibilidad de superarse a sí mismo.
En conclusión, considero que es necesaria una ley urgente que prohíba los castigos corporales en las escuelas, aboliendo toda forma de violencia como método pedagógico.
Lo más terrible de todo es que ni siquiera esta violencia es justificada, puesto que las razones por las que los alumnos son castigados son inherentes al humor del profesor: el menor movimiento desordenado, un tintero caído por acaso, la voz alta, la lección algo mascado, un gesto, es motivo suficiente para mandar un niño al rincón.
Por otro lado, resulta perjudicial a los objetos mismos de las instituciones juveniles, siendo además absurdo e impropio que los niños que se educan para ser ciudadanos libres, sean en sus primeros años abatidos, vejados y oprimidos por la imposición de una pena corporal tan odiosa y humillante. ¿Cómo podrán progresar nuestros hijos libremente en esta sociedad nueva tan llena de posibilidades, cuando les enseñan que está bien ser dominados de tal forma? ¿Qué ejemplo queremos darles?
Nuestros hijos son los futuros políticos de esta nueva patria libre que pudimos constituir luego de tanto esfuerzo. ¿Cómo podrán gobernar esta tierra si se encuentran sumidos en la violencia cotidiana?
Asimismo, los azotes no favorecen en nada a que nazca un respeto mutuo y un ambiente grato dentro del aula. Lo único que conllevan es el miedo al profesor, visto como el portador de un poder absoluto, a la vez que provocan una fuerte desmotivación por la asistencia a clases. Se entiende entonces que la violencia no genera ninguna clase de aprendizaje por parte del alumno, que lo verá como una agresión a su persona más que como la posibilidad de superarse a sí mismo.
En conclusión, considero que es necesaria una ley urgente que prohíba los castigos corporales en las escuelas, aboliendo toda forma de violencia como método pedagógico.
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